
Naciste en mi casa, eras una bolita de pelos y partiste para ser la compañía de mi hermano. Allá te trató como un rey, recibías regalos para los cumpleaños y supiste que eras dueño del mundo y te portaba como tal.
Aún recuerdo tus ladridos cada vez que Julio hablaba por teléfono, porque no soportabas que la llamada no fuera para ti.
Nunca encontraste una perrita de tu agrado y el rey león fue tu compañero de aventuras eróticas.
Como me rio... acordándome de los espectáculos que dabas cada vez que llegaban visitas y tú corrías a buscar tu


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